24.11.11

¿QUE PASA CON LOS SALARIOS POLICIALES?

Con un sueldo mínimo de $ 2.500 y horas extras que equivalen a lo que gana una empleada doméstica, hay un creciente malestar dentro de la fuerza por las condiciones laborales. Preparan una movilización.

El brutal crimen del subteniente platense Héctor Daniel Luján (38), ocurrido la madrugada del pasado domingo 13 de noviembre, luego de que un delincuente le disparara con el arma que le había sustraído a otro agente, generó una profunda conmoción en nuestra ciudad. No sólo por lo que significa la forma atroz en la que fue ultimado, sino también por las precarias condiciones en la que se encuentra trabajando la mayoría de los agentes de la Bonaerense.



El policía asesinado vivía muy ajustado con su salario y, luego de cumplir su jornada laboral, debía realizar horas extras como guardia de seguridad en un supermercado chino y en el aeropuerto de La Plata, para poder llegar a fin de mes. No es un caso aislado. La crisis salarial afecta, prácticamente, a la mayoría de los 55 mil agentes que tiene la Policía.


Los números hablan por sí solos. Un agente que recién empieza gana $ 2.500 de salario, es decir, tiene que arriesgar su vida por unos $ 83 por día. Y recibe un plus de $ 14 por hora extra (hora Cores o Polad), casi lo mismo que lo que percibe una empleada doméstica a partir del último aumento establecido por el Gobierno nacional.


Esta situación de precariedad laboral estaría llevando a que cada vez más agentes abandonen la Policía bonaerense para incorporarse a otras fuerzas, como puede ser la Policía Metropolitana, que tiene sueldos superiores.



“En los últimos meses, quince compañeros míos se fueron a la Metropolitana. Ocurre que en Capital Federal están pagando la hora extra unos $ 27 (casi el doble de lo que se paga en la Provincia), mientras que el sueldo inicial de la Policía Federal es muy superior, por encima de los $ 4.000, de lo que se paga en la Provincia”, le dijo a Hoy Esteban Arriada, titular del denominado Movimiento Policial Democrático, desde donde está preparando una movilización a Casa de Gobierno para el próximo 12 de diciembre para reclamar mejores condiciones laborales para la Policía.



El problema del uniforme



En la Provincia, los policías suboficiales reciben una bonificación de $ 87 por mes para solventar gastos relativos al uniforme (la bonificación para los oficiales asciende a $ 124), que alcanza para poco y nada. “Un pantalón que necesita un policía cuesta $ 300, una camisa, $ 200, y un par de borceguíes, unos $ 400. Es evidente que estos $ 87 no alcanza para nada y tenemos que poner dinero de nuestro propio bolsillo para poder salir a trabajar”, le dijo a este diario un jefe de calle de una comisaría de la región.



Otras fuentes policiales agregaron: “Si se tiene en cuenta el salario inicial de $ 2.500 de sueldo, y un policía puede hacer un máximo de 120 horas extras por mes (Cores y Polad), a lo sumo un agente que recién empieza puede ganar $ 5.080 mensuales. Esto significa trabajar un total de 420 horas al mes, que es una barbaridad. Por ejemplo, un operario de una fábrica o empresa que trabaja diez horas diarias de lunes a sábado totaliza unas 240 horas mensuales, es decir, la mitad de lo que trabaja un policía”.



Y concluyeron: “La carga horaria y el magro sueldo explican en parte por qué muchos de los policías se terminan divorciando: se la pasan trabajando, en la calle, y prácticamente no ven a su familia y no tienen descanso”.



En foco


La necesidad de profesionalizar la fuerza



Las precarias condiciones salariales en las que se desempeñan la mayoría de los policías bonaerenses son una clara muestra de la falta de profesionalización de la principal fuerza de seguridad de la Provincia.



Un policía que arriesga cotidianamente su vida por el cumplimiento del deber debe tener un sueldo digno y no verse obligado a hacer changas que le quitan horas de sueño y termina influyendo en su rendimiento.



Las reformas y contrarreformas, que pusieron en marcha los gobiernos que administraron la Provincia en las últimas dos décadas, dejaron como resultado este difícil presente, que nada tiene que ver con la idea que se tenía de la Policía en los manuales de hace 40 años: el agente de policía era un servidor público, respetado, que estaba en cada esquina para cuidar y ayudar a la comunidad.



Es necesario empezar a introducir reformas de fondo, que apunten a una verdadera profesionalización, con más y mejor inversión desde el Estado. Y que contemplen, también, la modificación de las escuelas de formación, para que aquellos agentes que tienen la enorme responsabilidad de portar un arma para defender a los ciudadanos estén en condiciones psíquicas y físicas para poder hacerlo.

El manejo de la Policía también debería trascender las rencillas políticas. La fuerza debe estar conducida por sus mejores profesionales, por aquellos que puedan dar el ejemplo a sus subordinados del camino a seguir, y ello implica no volver a implementar planes fracasados, como el que impulsó el inefable León Carlos Arslanián, cuando dispuso una conducción civil de la Policía